lunes 30 de noviembre de 2009

Soñare con un naufragio.
Despues de la tormenta saldrá el sol, y habremos ido a parar a un apartamento vacío, encima de un colchón sin vestir tirado en el suelo.
La botella y las copas dejaran sus órbitas marcadas sobre la caja llena de libros. Tu chaqueta colgará de la ventana para atenuar la luz. Se nos escuchara respirar.

Soñare con este naufragio hoy tambien, como cada noche de cada dia de cada vida...

miércoles 25 de noviembre de 2009

A veces te encuentro por la noche, rebuscando entre los pliegues de mis sábanas, como quien abre todos los cajones de la casa buscando ese último cigarro escondido. Te consumo y me invade la mansedumbre y la resignacion. Te imagino y me vale con la fe.
Y eso que yo no soy de fe, ni de mansedumbre, ni de resignación....
Anoche, en cierta manera, me dormí a tu lado.


¿algo es algo?

miércoles 18 de noviembre de 2009

Que no se nos olvide la tarde de ayer en que recibimos los mejores regalos de la luz escasa. Llegamos con el tiempo justo para atardecer. Los otros adolescentes no quitaban sillas de niño para poder amarse en el asiento de atrás. La mayoría iban en moto, fumaban y se besaban en los bancos a pesar del frío.
Con la llegada de la oscuridad se hizo el otoño en nosotras, se nos cayeron las ropas y se nos alborotó el pelo. Y todo se volvió del revés otra vez.
El tiempo comenzó a contar hacia atrás, los años se descontaban, las estaciones descontaban, los otros amantes, los amores, las situaciones, las familias, todo se iba alejando en el futuro y tu y yo regresamos a los diecisiete de nuevo.
Y allí nos alojamos. Amé tus caderas recortándose en el asiento, tu pelo derramado sobre mis pechos, lo mucho que me amaste tu, tu destreza, tu belleza inconmensurable, nuestro sudor, la lluvia del interior de los vidrios…
Fuera era noviembre, recuérdalo siempre, y dentro agosto de muchos años atrás.

martes 17 de noviembre de 2009

Aquella noche decidí darte todo lo que humanamente podía. Me levanté de la mesa, fui a buscar la guitarra y no paré de cantar para tí hasta las tantas. Me comí la vergüenza. Me mirabas y sonreias sin ocultar cierta sorpresa.
A partir de entonces te sentí realmente cerca y empezaron a incubarse mis sueños.
Mucha gente alrededor. Muchos sueños dentro. Desde entonces no ha habido ni un día en que no te pensase.

Y otra foto: tú recostada en la silla de la terraza, complacida y absorta, rodeada de luces salpicando el fondo negro. Sonriendo. Mi voz, colándose en tí y besándote el corazón por dentro, más impunemente que nunca.

lunes 16 de noviembre de 2009

Comencé a escribir aqui intentando que nuestro amor no se lo tragaran las paredes de los hoteles, los asientos de los coches, los bancos de los parques, la arena de las playas y el vacío de las multitudes que nos ven pasear y no se dan cuenta de lo que tienen delante.
Buscaba también una manera de no tener que parar de decirte que solo el hecho de dormir bajo el mismo cielo que tú me hace feliz. A las tantas de la madrugada, mientras tú duermes bajo tus mantas y yo bajo las mias puedo de repente desvelarme y dejarte estas notas colgadas por ahí.
Y que las lea cualquiera.
Y sentir que todo gira alrededor de uno solo de nuestros besos, que el suelo del mundo se ondula para acogernos tumbadas en la hierba, que el amor se muere de envidia, se queda corto, y solo sirve para todos los demas.
Que para nosotras hay que inventar palabras nuevas. O no decir nada.

domingo 15 de noviembre de 2009

Agua.
Corriendo de tu cuello hacia tus pechos y mi boca. Agua caliente sobre nosotras, colándose por las estrechas rendijas que quedan entre tu y yo.
Agua resbalando sobre mi cabeza exhausta de soñarte, cada mañana. Debajo de las ruedas del coche justo antes de amarnos por primera vez y diluviando sobre nuestro amor inmenso y profundo. Como los océanos. Como el agua. Como la noche.
No puedo parar de pensar en tu cuerpo arqueándose, en tu pelo sobre mi cara, en tus ojos hondos y terribles de los cuales no se puede salir una vez has entrado…
Ni se puede ni se quiere salir de tus ojos.

miércoles 11 de noviembre de 2009

Vivimos en una casa con cuatro ruedas y vistas a donde nos apetezca. Lástima que no sirva para dormir ni para cocinar. Eso la convertiría en perfecta, pero ya sabes, es otro no.
Tenemos las estrellas siempre tan cerca...
Se posan en los retrovisores y nos miran, incrédulas y envidiosas por no brillar tanto como nuestro amor.
Tienes tanta razón cuando dices que tenemos lo que muchos sueñan... tenemos el amor infinito, esto es, el antídoto contra la muerte, el Santo Grial. El cielo.