domingo, 15 de noviembre de 2009

Agua.
Corriendo de tu cuello hacia tus pechos y mi boca. Agua caliente sobre nosotras, colándose por las estrechas rendijas que quedan entre tu y yo.
Agua resbalando sobre mi cabeza exhausta de soñarte, cada mañana. Debajo de las ruedas del coche justo antes de amarnos por primera vez y diluviando sobre nuestro amor inmenso y profundo. Como los océanos. Como el agua. Como la noche.
No puedo parar de pensar en tu cuerpo arqueándose, en tu pelo sobre mi cara, en tus ojos hondos y terribles de los cuales no se puede salir una vez has entrado…
Ni se puede ni se quiere salir de tus ojos.

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