lunes, 2 de noviembre de 2009

Nos habíamos cruzado en una ocasión, a la entrada del cine. Me presentaron a tu marido. No te vi. Ni siquiera tu sonrisa. Qué raro.

Tu sonrisa la recuerdo del día de la reunión familiar. Tu sonrisa y mi envidia de ti porque esperabas un hijo y yo lo soñaba. Tu sonrisa y mi mano acariciando tu vientre afortunado. Tu sonrisa, básicamente.

Tu sonrisa que escampa las nubes, despierta los jilgueros de mi pecho, destapa el sol dormido tras las montañas.

Y entonces, por primera vez deseé conocerte, y a la vez te sentí con una cercanía turbadora. Tal vez entonces ya eras posible.

1 comentario:

Anónimo dijo...

papallones a la panxa... impedeixen escriure res més...

Publicar un comentario